La ilegalidad es peligrosa y complicada. Requiere paciencia, sagacidad, viveza y un espíritu siempre alerta. No es fácil mantener íntegros los cuidados que ella exige. Es difícil preservarla del descuido, que se hace natural con el correr del tiempo y el aumento insensible de la sensación de seguridad. Al principio se exageran las precauciones pero, poco a poco, van siendo abandonadas, una a una. La ilegalidad va perdiendo su carácter, se despoja de su manto de misterio y, de repente, el secreto por todas ignorado pasa a ser noticia que pasa de boca en boca.
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La Ilegalidad
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